martes, 16 de marzo de 2010

Manuscrito en un pantalón ensangrentado



Bucaramanga, 32 de enero de 2009


Hermano, la muerte nos persigue. En cada lágrima de abuela que llora de felicidad de vida interna y muerte solitaria, porque la nuera tuvo simplemente otra nieta. Son tres, Leonardo, pude comprobar que ahora son tres. Dos niñas preciosas; la última de las hermanas tiene la cara arrugada, como un bebe, por algo llora la pobre abuela pobre.
Observo ese espectáculo. Yo sólo espero a nuestra hermana, no tengo nada que ver con esas niñas y esa abuela pero, estamos condenados al mismo encierro: esperar en la misma sala, nos gustaría salir corriendo sin mirar atrás.
Existen acontecimientos inexplicables desde la razón: se sigue esperando y todo lo que puede ocurrir (nos) en una sala de espera; “operaciones ambulatorias”, fotografía del símbolo de espera, en la que aparece una “señora” vestida de enfermera y con el dedo índice sobre los labios, mueca poco tentadora, expuesta como la solución del caos, SILENCIO, cuelga de una puntilla que penetró enérgicamente la pared, nos deja la boca abierta.

Cosas así se pueden ver en cualquier sala donde se reúne la gente para esperar a solas. Leo, las personas se sienten mal en la hora del monólogo, ¿puedes creerlo?, ese instante que se nos brinda solo una vez como los labios de la locura, tan solo un beso (uno solo) basta para tirarse por la ventana. Pero nada de eso tiene sentido. Porque cada uno es un sentido, creer que, de cada situación, va a ocurrir lo peor (por ejemplo), o en el mejor de los casos, para algunos, la balanza se inclina, para otros la risa entre lágrimas. Las personas lloran, gritan, hablan, desobedecen el pacto que cuelga de la pared. Los espacios públicos, como lo es tener un hijo, ¿qué tal si son tres?, son rincones para personas que juegan a la gallina ciega. Unos a otros nos vendamos los ojos. Nos encanta jugar a la gallinita ciega. El amor, mi hermano, un engaño que utilizamos para excusar nuestros actos, así como se puede beber del licor, el placer de la desinhibición. En palabras concretas lo que te quiero decir es que a la gente poco le gusta pensar y sobre todo leer. Lo pude con probar en esa sala. Mira, no se trata de leer libros sino situaciones (aunque los libros ayudan bastante, como una cerveza en sol), creo que sabes a que hago referencia, un argumento más para escribirte, pero si lo desconoces entiéndelo desde tus experiencias personales y no desde lo que ya se dijo y que yace escrito. Esa puede ser, quizás, otra forma de sobrevivir, ¿no te parece? Desde tus ojos y con tus palabras.

En fin, te escribo para pedirte un favor: dile a los viejos que me fui para París o la cordillera de los andes. Coméntale a la señora de la casa que me fui a viajar, que hice realidad mi sueño y el de muchos otros como ella. Dile al viejo que es viejo como el diablo. A lucía, un abrazo para que se mejore de la operación.

Antonio, porque ese es su segundo nombre, se libre…

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